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sábado, 14 de febrero de 2015

La Amada del desconocido

La amada

Yo dormía, pero mi corazón velaba.
    ¡Y oí una voz!
    ¡Mi amado estaba a la puerta!
«Hermana, amada mía;
    preciosa paloma mía,
    ¡déjame entrar!
Mi cabeza está empapada de rocío;
    la humedad de la noche corre por mi pelo.»
Ya me he quitado la ropa
    ¡cómo volver a vestirme
Ya me he lavado los pies;
    ¡cómo ensuciarlos de nuevo !
Mi amado pasó la mano
    por la abertura del cerrojo;
    ¡se estremecieron mis entrañas al sentirlo!
Me levanté y le abrí a mi amado;
    ¡gotas de mirra corrían por mis manos!
¡Se deslizaban entre mis dedos
    y caían sobre la aldaba!
Le abrí a mi amado,
    pero ya no estaba allí.
Se había marchado,
    y tras su voz se fue mi alma.
Lo busqué, y no lo hallé.
    Lo llamé, y no me respondió.
Me encontraron los centinelas
    mientras rondaban la ciudad;
los que vigilan las murallas
    me hirieron , me golpearon;
    ¡me despojaron de mi manto!
Yo les ruego, mujeres de Jerusalén,
    que si encuentran  a mi amado,
    ¡le digan que estoy enferma de amor!

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